Mi familia no empezó conmigo… empezó con un abrazo que cambió mi vida.
Cuando llegué a mi hogar, todavía tenía miedo de muchas cosas, pero ellos me miraron con tanta ternura que todo dentro de mí se aflojó poquito a poquito.
Vivo con Chandis, que es enorme, enorme… pero tiene el corazón más suave del mundo.
Él me cuida, me deja treparlo, me aguanta mis travesuras y a veces me mira como diciendo: “Está bien, Coqui… quédate aquí.”
Mis papis y Juankis también son parte de mi mundo.
Ellos fueron quienes vieron valor en este peludito negro que muchos ignoraron.
Esta es mi familia.
La que me salvó, la que me abrazó, la que me enseñó que pertenecer también es posible para los gatitos como yo.